La Alhambra

Color, aroma y leyendas.

La Alhambra: Color, aromas y leyendas.

1 de septiembre 2018

Blancos muros y rojas rosas, piedras que, a su memoria, nublan mis recuerdos y entornan los ojos observando la siempre eterna puesta de sol cómo contornea la silueta del palacio, firme y enclavado, como dormitando aunque, no obstante, guardando desde la colina a toda una ciudad, a todo un pueblo, hoy cristiano, antaño moro.

Las caricias del tiempo, así como de jardineros y paisajistas, conservan el verdor de los bruñidos cipréses del Generalife, testigos de las infidelidades de una sultana, Morayma, esposa del rey Boabdil y según una de las innumerables leyendas que circulan, mantenía amores furtivos con un presto caballero abencerraje. Enterado Boabdil de los deslices de su esposa, mandola degollar por caballeros de la tribu musulmana. Leyendas, pero que aún es gusto de los visitantes identificar el óxido de hierro de la fuente de la Sala de los Abencerrajes con la sangre derramada de tan noble amante. Y, efectivamente, un enorme árbol, llamado Ciprés de la Sultana, en vida durante 600 años, se hallaba hasta hace poco tiempo al alcance del viajero para que posase su mano en la corteza y pudiese percibir de tan auténtico testigo esta vieja leyenda. …

Un aroma sutil e inexplicable se sostiene en la atmósfera, murmullos de las fuentes, aguas tamborileando en las piedras, hojas que, al unísono, murmullan ora más alto, ora más bajo, dirigidas por la batuta del viento y dando lugar a cantares poéticos que hacen vibrar las almas de cualquier ser por mucha o poca sensibilidad que se le haya concedido.

Callados, como un secreto, parterres, plantas y agua, invitan al paseo, dando rienda suelta al recuerdo de mi juventud, cuando subía aquí con la única compañía de un par de libros y me situaba cada día en un lugar distinto. Esta fue mi sala de lectura en mi época estudiantil durante un año.

Y mi confesionario secreto.

Patio de los Leones

El Patio de los Leones es el centro del Palacio que lleva este nombre. Tiene dependencias en sus cuatro lados: en las dos menores, a Este y Oeste, están las Sala de los Mocárabes y la Sala de los Reyes, y en los lados mayores, a Norte y Sur, se abren dos grandes viviendas, la Sala de los Abencerrajes y la Sala de Dos Hermanas.

Un pórtico o galería rodea completamente el patio. Se sostiene con columnas y arcos en maravillosa combinación entre macizos y vanos: se repiten en número y forma, simétricamente colocados. Los arcos de la galería no son sustentantes porque la sebka que los decora es hueca, como podemos comprobar cuando pasan los rayos del sol entre ellos

Representa un patrón diferente de palacio. Más logrado que el resto porque tiene al mismo tiempo influencias de la arquitectura islámica y cristiana. El Patio de los Leones es, para muchos, el referente de la arquitectura Nazarí, y el referente de la arquitectura islámica en España. Es complejo desde un punto de vista espacial: lujoso y refinado, e integra todo esto en un exquisito espacio.

Los cuatro cuadrantes que rodean la fuente central eran parterres unidos. Los parterres, estaban rodeados por los salones de las mujeres del sultán que dominaban el jardín central. La gente que se sentaba en cojines o alfombras, en los extremos del palacio, únicamente podía ver la parte superior de los árboles y arbustos. Éstas salas contienen el tesoro más espectacular del palacio, una exquisita forma de decoración conocida como Mocárabes.

Posee una de las escasas esculturas de animales del arte islámico pues, basándose en las suras 15, 29 y 38, 72 del Corán, se reprueba representar cualquier ser animado.

Los últimos datos conseguidos gracias a la restauración de los leones y la taza de la fuente han podido indicar que, tanto los leones como la taza, datan del siglo XIV y de la misma procedencia y material (mármol de Macael, Almería) siendo fabricada la fuente en su conjunto, tanto leones como taza, al mismo tiempo. Este descubrimiento viene a rectificar las informaciones que indicaban la procedencia de los leones de un palacio, anterior a la Alhambra, perteneciente al primer visir de la dinastía zirí Samuel Ibn Nagrella. A su vez, se ha podido descubrir tres tipologías de leones sobre la base de sus elementos formales diferenciadores. Cada una la conforma un grupo de cuatro leones con similitud dos a dos en sus rasgos: nariz, pelaje de la melena, fauces y posición y relieve de la cola.

La fuente de los leones tiene diversas significaciones o simbologías, ninguna de ellas corroboradas. Por una parte los doce leones tienen una simbolización astrológica, cada león alude a un signo zodiacal. Por otra, tiene una significación política o mayestática que está relacionada con el templo del rey Salomón (puesto que hay una inscripción en la fuente referida a este) y el mar de bronce del mismo templo. Por última y la más importante, alude a un símbolo paradisíaco refiriéndose así a la fuente, originaria de la vida y los 4 ríos del Paraíso coránico. Pero lo que sí se puede decir, es que la fuente como tal es una alegoría del poder que reside en el sultán.

No obstante, y para quien desee sumergirse en las leyendas que corren acerca de este lugar, podría comentar una de las más bellas y crueles al mismo tiempo. Esta leyenda gira en torno a la princesa Zaira, llegada desde África con su cruel padre. La joven era sensible y de gran belleza. Ambos se alojaron en las dependencias de la Alhambra durante su viaje. Zaira estaba impresionada y todo le parecía sacado de un sueño; todo lo contario sentía su padre. Aislada del resto de la humanidad, Zaira solo tenía como acompañantes a su talismán y a un cortejo de 11 hombres que custodiaban al rey.

La princesa pasaba las horas en un gran patio central al que, un buen día, llegó Arturo, un joven que la había visto desde los muros y no había podido contener sus ansias por conocerla. Nerviosa, Zaira recomendó al joven que huyera, sino su padre le daría muerte. En uno de sus encuentros, el rey sorprendió a Arturo y le encerró en una mazmorra.

La princesa pasaba las horas en un gran patio central al que, un buen día, llegó Arturo, un joven que la había visto desde los muros y no había podido contener sus ansias por conocerla. Nerviosa, Zaira recomendó al joven que huyera, sino su padre le daría muerte. En uno de sus encuentros, el rey sorprendió a Arturo y le encerró en una mazmorra.

Un día, la joven descubrió el diario de su padre. Dubitativa, lo leyó y descubrió una parte que llamó su atención: “Ya he matado al rey y a la reina. De la princesa Zaira me he apiadado. Gracias a mis 11 hombres, he conseguido ocupar el trono. Ahora creerá que yo soy su padre. Espero que la princesa no se entere nunca del maleficio de su talismán.” Aquellas palabras fueron escritas cuando ella tenía un año.

Corriendo, Zaira reunió a su padre y a sus hombres en el patio central. Entre lágrimas, preguntó si era cierto. El rey respondió que sí. En ese instante, Zaira recordó una imagen en la que su madre echaba un maleficio al talismán: cuando la joven supiera la verdad, una gran tragedia caería sobre el rey y sus hombres. En ese momento, el talismán se activó y la princesa sintió la rabia de un león. El rey y sus 11 secuaces se transformaron en 12 leones de piedra, justo los que hoy coronan la fuente del Patio de los Leones. Zaira rescató a Arturo y vivieron felices para siempre

Las paredes que hablan

Se calculan que unas 10.000 inscripciones quieren decirnos algo. Hay escritos de contenido piadoso y otros que ensalzan al monarca que encargó la construcción, también algunos versos que aludiendo al propio soporte de la inscripción.

Así, nada más llegar a la Purta de la Justicia leemos aquello que empieza "Amara bi-binü.." y que señala que Yüsuf I ordenó la construcción de dicha puerta, ultimada en rabi' I del año 749 ( = junio de 1348).

Las inscripciones epigráficas de la Alhambra están escritas en árabe clásico pero son difíciles de leer para un lector árabe actual. Se trata de una caligrafía ornamental y, por si fuese poco, contiene ingredientes que dificultan su lectura. La decoración árabe prescinde de la figura humana y de animales, por eso recurren a formas geométricas y vegetales y, al contrario de lo que hemos venido creyendo, las paredes de la Alhambra no están llenas de citas coránicas ni de poemas porque uno de los principales propósitos es el refuerzo de la identidad y un incipiente sistema de marketing y publicidad. Lo más común son jaculatorias en honor del dios musulmán, como “Gratitud a Alá” o “La gloria es de Alá”; después, las votivas, epígrafes muy breves sobre conceptos abstractos como felicidad, gloria o bendición y las que ensalzan al monarca. Y, por último, inscripciones coránicas de más o menos extensión y leyendas poéticas.

En la Torre de la Cautiva de Ibn al-Yayyab leemos algunos versos:

Esta obra ha venido a engalanar la Alhambra;

es morada para los pacíficos y para los guerreros;

Calahorra que contiene un palacio.

¡Di que es una fortaleza y a la vez una mansión para la alegría!

Es un palacio en el cual el esplendor está repartido

entre su techo, su suelo y sus cuatro paredes;

en el estuco y en los azulejos hay maravillas,

pero las labradas maderas de su techo aún son más extraordinarias;

fueron reunidas y su unión dio lugar a la más perfecta

construcción donde ya había la más elevada mansión;

parecen imágenes poéticas, paranomasias y trasposiciones,

los enramados e incrustaciones.

Aparece ante nosotros el rostro de Yusuf como una señal

es donde se han reunido todas las perfecciones.

Es de la gloriosa tribu de Jazray cuyas obras en pro de la religión

son como las aurora cuya luz aparece en el horizonte

O el poema en la Puerta de Comares:

Soy corona en la frente de mi puerta:

envidia al Occidente en mí el Oriente.

Al-Gani billah* mándame que aprisa

paso dé a la victoria apenas llame.

Siempre estoy esperando ver el rostro

del rey, alba que muestra el horizonte.

¡A sus obras Dios haga tan hermosas

como son su temple y su figura

Problemas de acceso

Un gran problema con el que se enfrenta este colosal palacio nazarí es, precisamente, con el acceso al mismo. El sistema de entradas a la Alhambra y la inflexibilidad ha desembocado en un problema autonómico, para el que se buscan soluciones. La demanda de entradas asciende a 800.000, y el cupo asignado a las agencias turísticas: alrededor de 1.400.000, y es esa diferencia la que ocasiona verdaderos dolores de cabeza. Los "agentes pijama" (personas que se constituyen como agencias de viaje, sin serlo) consiguen billetes que revenden a otras agencias. Pese a adquirirlas a un precio superior al oficial, tienen como recompensa el no sufrir cancelaciones ni penalizaciones, según un polémico algoritmo diseñado por la Universidad de Grananada y, al final, una entrada que cuesta oficialmente 15 euros la venden por mas de 100.

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Pedro Arroyo

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