Esta isla se lee en dos capas, como sus propias casas. Por fuera, cal blanca, azul de cúpula y buganvillas: la Mykonos de postal. Por dentro —y esto lo sabía ya en 1958 un periodista y novelista griego llamado Yannis Maris— hay secretos de guerra, traiciones y un pasado que no siempre coincide con la fachada encalada. Esta guía recorre la isla apoyada en su libro y en el mito más antiguo que la explica: el de los gigantes que, según cuentan, todavía duermen bajo sus piedras.
============ 1 LLEGADA ============Dioses caprichosos, islas en círculo
Cuando llegas a Myconos no puedes evitar pensar en dioses y diosas, arbitrarios y caprichosos, y no precisamente amables ni coherentes en su actuar. Es inevitable pensar en Grecia y que no te venga a la mente vestigios escuchados de este o aquel mito. Todo empieza aquí o, al menos, nuestra cultura actual comienza aquí. Grecia y sus incontables islas. Hoy estamos en las Cícladas y hemos aparecido, cual hombres cimbreados por el destino de los dioses, en esta isla: Myconos.
El nombre de las Cícladas deriva de la voz griega para círculo: kúklos. La idea es que da la sensación de que las islas están colocadas circularmente alrededor de una de ellas: Delos, uno de los sitios sagrados para los antiguos habitantes de la Hélade, patria de Apolo y de su hermana Artemisa. Desérticas, rocosas y calentadas por un sol que atraviesa el limpio y puro aire del Egeo, han sido sostenedoras de una gran civilización y portadoras hoy de todo lo que necesita alguien que llega con el estrés de la ciudad o los problemas diarios laborales: sol, luz, mar, aire y color, al menos durante el día, porque al llegar la noche comienza la otra vida de la isla: bares, discotecas y un bullicioso ambiente que no te dejará impertérrito por mucho que tu honesta intención haya sido otra.
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El libro que envuelve esta isla
Hay dos textos que laten bajo cada fotografía de esta guía. Uno tiene casi tres mil años y explica por qué la isla está hecha de piedras con forma de cuerpo caído. El otro tiene poco más de sesenta y explica por qué, bajo el blanco perfecto de Chora, siempre hay alguien guardando un secreto.
El nacimiento de los Gigantes
Hesíodo cuenta que cuando Crono castró a su padre Urano, las gotas de sangre que cayeron sobre la Tierra —Gea— engendraron a las Erinias, a las ninfas Melias y a los Gigantes: una estirpe de guerreros armados hasta los dientes que, siglos después, se enfrentarían a los dioses del Olimpo en la Gigantomaquia. Derrotados por Heracles, que los sacó de su territorio protegido con engaños, los últimos Gigantes cayeron —dice la tradición local, no Hesíodo— precisamente aquí, en Mykonos. Cada roca gigantesca que ves camino de un molino o de una playa es, en teoría, uno de ellos.
«…los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen largas lanzas…»
El Mykonos que no sale en las postales
Yannis Maris —seudónimo de Yannis Tsirimokos, periodista y guionista griego, 1916-1979— está considerado el padre de la novela negra griega; el propio Petros Markaris, el autor griego contemporáneo más leído fuera de Grecia, lo ha reconocido como su maestro. Mykonos le obsesionó tanto que le dedicó cuatro novelas distintas. Esta, escrita en 1958, transcurre en la isla cosmopolita de finales de los años cincuenta, ya frecuentada por el jet-set internacional, y desentierra una traición ocurrida durante la ocupación alemana que nadie había querido recordar. Bajo el mismo sol y la misma cal blanca que fotografiamos hoy, Maris encontró crímenes, chantajes y una comunidad de veraneantes con más de un as escondido en la manga.
No existe, hasta la fecha, traducción al español; se lee en griego o en la edición italiana citada arriba. Aun así, su influencia en cómo Grecia entera imagina Mykonos —isla luminosa con una sombra dentro— es innegable.
Las calles blancas de Chora
Las calles de la ciudad Mykonos, o Chora (como se la conoce localmente), son blancas y están pintadas de blanco hasta en el suelo. No temas perderte por ellas, porque te vas a perder. Y de nada sirve mapa o GPS que te haga volver al buen camino, porque cualquier camino es bueno y a cuál mejor. La única manera de orientarse es seguir el sentido topográfico del terreno: si sigues una línea imaginaria y vas bajando llegarás al mar, y si subes llegarás a una plazoleta, origen de paradas de autobuses, kebabs y punto de encuentro natural.
Casas blancas e iglesias ortodoxas con cúpulas azules se amontonan en la orilla del mar, trepando por la ladera lentamente. Entre las casas, estrechas calles enredadas en un laberinto, y a cada paso una tienda de souvenirs, ropa o joyas, una taberna en cualquier plazoleta o un grupo de macetas nos hacen detenernos y olvidar de nuevo el camino que andábamos.
Las piedras de los muros son de gran tamaño y las separaciones se pintan en blanco. Encaladas, de dos plantas y con balcones de madera pintados de colores llenos de flores, y con las puertas y las persianas de azul y rojo; buganvillas plantadas por todas partes adornan las callejuelas.
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Abajo, junto al mar, un barrio pintoresco: la «Pequeña Venecia», con casas de colores de dos y tres pisos que escapan por completo del blanco y azul del resto de la isla. Están situadas en el barrio de Alefkandra y os aseguro que, junto a la Paraportiani y los molinos, es de lo más fotografiado.
La «Pequeña Venecia» es una especie de bahía muy pequeñita. En su disposición veremos que hacia un lado tiene una serie de casas colgadas con balcones y fachadas pegados al mar, y hacia el otro lado vemos los molinos, que son uno de los iconos más conocidos de la isla. Desde cualquier punto ubicado en esta bahía vivirás el mejor atardecer de la ciudad — el mismo atardecer, imaginamos, bajo el que se citaban los personajes de Maris para intercambiar lo que no podían decirse a plena luz del día.
El puerto de Mykonos town (Chora)
Si seguimos bordeando la ciudad nos encontraremos con el puerto pesquero de Mykonos town, lleno de barcos de pesca y caiques (pequeñas embarcaciones) que llevan a la mayor parte de las playas de Mykonos. Justamente aquí encontrarás una iglesia ortodoxa, la iglesia de San Nicolás, con la arquitectura típica de las Cícladas, encalada en blanco y con cúpula y ventanas azules.
Es también, conviene recordarlo, el mismo puerto por el que en la novela de Maris entran y salen los personajes que no quieren ser vistos: un puerto pequeño se presta mal al anonimato, y esa es, precisamente, la tensión que sostiene toda su trama.
Molinos de viento de Chora y barrio de «Kastro»
Yendo hacia los molinos se pasa por la iglesia de la Virgen de Paraportiani, formada por un conjunto de cinco capillas en dos niveles y reconocida como monumento cultural nacional. Se encuentra en la colina del antiguo castillo veneciano —del que quedan algunos restos—, en el llamado barrio de «Kastro».
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De los molinos únicamente quedan siete de los veinte que hubo hasta la década de los 20 del siglo pasado, siendo imagen típica para souvenirs y postales de la isla. Mykonos es una isla de vientos, y el viento Meltemi sopla 200 o 300 días al año, lo cual tampoco está nada mal, ya que en verano puede llegar a hacer mucho calor.
Mykonos está en medio de la ruta marítima del Mediterráneo, y en época de la República de Venecia, que controlaba numerosas islas, suponía un factor clave para abastecerse. Por otro lado, el puerto de Mykonos gozaba de unas características de atraque fabulosas, y por ello numerosos de estos molinos se encuentran cerca del puerto. Con la revolución industrial quedaron en desuso, pero se reconvirtieron en reclamo turístico.
El pelícano Petros, mascota de la isla
El verdadero protagonista de Mykonos es el pelícano Petros. Y no es solo un pelícano: es un mito, una leyenda. Es la mascota oficial de la isla desde hace más de 50 años.
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Bo Patrick, fotógrafo de la isla, pasó gran parte de su vida como productor televisivo en EE. UU. Cuando regresó a Grecia a principios de la década de los 60 se estableció en Mykonos, donde puso un bar. El talento de este hombre ha sido el que ha dado a conocer al mundo entero a Petros I. Un libro, narrado como un cuento para niños, «Cal blanca y plumas rosas», contiene un cuaderno de fotos y recoge los detalles de la historia de los isleños más viejos y nos habla de Petros.
Según Bo Patrick, cuatro pelícanos dejaron su nido del mar Negro; se dirigían a pasar el invierno en Egipto, cuando una tormenta los desvió de su camino natural y los obligó a hacer tierra en Mykonos. Tres de las aves murieron, pero Petros sobrevivió y fue adoptado por un pescador local, Zeódoros (Teodoro). Petros vivía en el muelle y, al parecer, le gustaba llamar la atención, al tiempo que atraía a los visitantes de la entonces tranquila isla, pues aún no poseía la notoriedad de hoy en día.
La fama de Mykonos creció, y Jackie Onassis, por entonces entusiasta de las islas griegas, llegó a enviar dos pelícanos americanos en sustitución de los muertos. Sin embargo, a causa del duro viaje que debieron soportar, las aves no vivieron mucho tras ser presentadas ante Petros, dueño de su territorio.
Un día Petros siguió hasta Tinos a un grupo de escolares de Mykonos. Un malvado pescador de Tinos le cortó las plumas de las alas, transformando a Petros de visitante en rehén, rechazando los reclamos de los mykonios, aduciendo que el pájaro era suyo. Pero un día se presentó Zeódoros y el ave se encaramó a sus hombros: de esta forma se confirmó la propiedad del ave. Se llegó a un acuerdo y Petros regresó a su querida Mykonos, en medio del regocijo de los habitantes de esta isla.
También se introdujeron pelícanos hembra como Irini II (la Irini anterior, francesa, apenas vivió). Irini II y Petros jugaron, aunque nunca se aparearon. En 1985 Petros fue atropellado por un auto. Irini II sigue viva, pero a la muerte de Petros I se la retiró del muelle y pasa los días durmiendo a la sombra, en una plaza. En 1986 llegó de Múnich, Alemania, Petros II, donado por un barón viajero alemán que lo regaló a los habitantes de Mykonos.
Lo que es seguro es que Petros entró en la isla en 1954, tras una tormenta. Sorprendentemente, el pelícano dejó atrás sus hábitos migratorios y se estableció en el lugar. ¿Enamorado de la belleza de esta isla, quizás? Sea como fuere, Petros vivió en Mykonos durante 30 años y logró ganarse el cariño de todos. Por ello, su muerte fue tan sentida entre residentes y turistas.
Fiesta y vida nocturna en Mykonos
Hay que tener en cuenta que Grecia es un país sumamente religioso para la media europea, por lo que sorprende, a priori, que en una isla como esta se haya concentrado gran parte de la fiesta gay de todo el mundo. No en vano, es un lugar idílico en el Egeo donde se dan encuentro todas las ramas del colectivo LGTB.
La isla más animada de las Cícladas ha sido desde los años 80-90 uno de los destinos más valorados por los turistas gays. Pequeñita y de fácil encuentro en sus múltiples lugares de ocio, Mykonos tiene tantas posibilidades que resulta imposible no sacarle un gran partido a su oferta turística, independientemente de que se busque o no marcha y desenfreno. Y el hecho de que esté muy bien conectada por líneas aéreas lowcost la convierte en destino clave para sacarle todo el partido a unas vacaciones veraniegas.
Frente a la más romántica Santorini, la monumental Delos o la diversa Creta, Mykonos destaca por su burbujeante actividad, de día y de noche. Quienes queráis empaparos de cierto exotismo atemporal, no tenéis más que perderos por sus estrechas calles y sus innumerables locales de ocio, museos y vistas al mar, tanto para bañarse como para contemplar la más suntuosa puesta de sol que jamás hayas visto.
El Mykonos negro de Yannis Maris
Casi cincuenta novelas policíacas en cuarenta años, publicadas primero por entregas en la prensa ateniense, convirtieron a Yannis Maris en el escritor más popular de la Grecia de posguerra, con un inspector recurrente —el astynomos Bekas— que investiga casos en apartamentos de lujo, cabarets y, cuatro veces, en Mykonos. La isla, para Maris, no era un simple decorado exótico: era casi una obsesión, el lugar donde la Grecia que empezaba a abrirse al turismo internacional escondía mejor que en ningún otro sitio sus cuentas pendientes con el pasado.
En la novela de 1958, la trama regresa a los años de la ocupación alemana: una traición cometida entonces resurge entre los huéspedes de un hotel de la isla, mezclada con la vida mundana de un Mykonos ya frecuentado por el jet-set. Es, según sus lectores griegos, un puzle de personajes heterogéneos y misteriosos, cada uno con un as escondido en la manga —la misma isla, otra vez, hecha de fachadas que ocultan algo detrás.
Cierre: piedra, mito, novela
Al final, Mykonos deja tres capas superpuestas para quien la visita despacio. La más antigua es de piedra: los Gigantes derrotados por Heracles, convertidos en el paisaje mismo que hoy rodea cada playa. La segunda es de papel: la isla que Yannis Maris convirtió, cuatro veces, en escenario de crímenes bajo un sol que no dejaba sombra donde esconderse del todo. La tercera es la tuya: la que se lleva cada viajero, hecha de calles blancas donde uno se pierde a propósito, de un pelícano que decidió no volver a Egipto, y —como escribió Platón, y como sintió quien escribe esto— de la certeza de que algo sagrado late dentro de lo que se ama, aunque sea, simplemente, una isla.
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Todas las fotografías del viaje
El resto de la memoria fotográfica de Mykonos, marzo de 2019.
11 · PREGUNTAS FRECUENTES
Antes de recorrer Mykonos
¿Qué zona conviene recorrer primero en Mykonos?
Chora es el mejor punto de partida: sus calles encaladas enlazan el puerto, Pequeña Venecia, Kastro, Paraportiani y los molinos de viento.
¿Por qué las calles de Chora forman un laberinto?
El trazado estrecho y sinuoso protege del viento, crea sombra y dificulta la orientación. La forma más sencilla de recuperar la referencia es descender hacia el mar.
¿Quién era Petros, el pelícano de Mykonos?
Petros fue un pelícano adoptado por los habitantes de la isla durante la década de 1950 y terminó convertido en su mascota y en uno de sus símbolos populares.
¿Qué relación tiene Mykonos con la mitología griega?
La tradición local relaciona sus grandes rocas graníticas con los Gigantes derrotados por Heracles durante la Gigantomaquia.
¿Qué libro negro está relacionado con Mykonos?
Yannis Maris, considerado una figura fundamental de la novela policíaca griega, ambientó varias historias en la isla; el artículo destaca la obra conocida en italiano como Delitto a Mykonos.











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